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Alea jacta est. [Libre]

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Alea jacta est. [Libre]

Mensaje por Orochi Gaia el Lun Jun 17, 2013 6:14 pm

La orden del Vaticano había llegado hasta mis manos hace algún tiempo, ni un saludo cordial ni un "gracias", exigían que cumpliera con mi trabajo como investigador y le echara un vistazo a la Academia. El Estado de la Ciudad del Vaticano tenía vistas maravillosas por doquier, las personas tan conservadoras como solo allí podían ser, vestían las más elegantes prendas y destilaban porte; sin embargo, eso no era lo mío pues me había acostumbrado a vivir en la ciudad de Oslo en Noruega, con un nivel cultural más abierto y con otro tipo de religión predominante, incluso con un porcentaje en aumento sobre creencias no religiosas. Pero era mi ciudad, y la amaba tal cual. 

Empaqué la mayor parte de mi ropa, por tener un puesto tan elevado dentro de la jerarquía del Vaticano tenía que usar ese tipo de ropas holgadas y pesadas pero ahora era libre de vestir lo que me viniera en gana, después de todo nadie me vería y no estaría haciendo nada malo, mi excusa sería la de estar "de incógnito". Mis otras pertenencias eran mínimas pues a mi no me gustaba portar los diamantes y objetos extraños bañados en oro. Me puse un pequeño escapulario devocional y esperé al llamado de quién se encargaría de llevarme a aquella Academia.

Guardé silencio todo el camino como la mayor parte del tiempo. "Si", "no", "quizá" eran las respuestas a toda pregunta formulada por el conductor que primero nos había dirigido hacia el Aeropuerto Intercontinental Leonardo da Vinci, para tomar un vuelo a Japón, después el se encargaría de llegar a tal Academia. Admiré los paisajes y pensé, pensaba todo el tiempo y ello me ocasionaba una pequeña jaqueca que se pasaba con un par de pastillas y un trago de agua. 

Al llegar a la ciudad principal pude sentir el ambiente tan hostil. Mi pecho se agitó y el tatuaje que tenía grabado en todo el torso ardió un poco, claro, era Modeus. Miré al conductor y le agradecí por el viaje, ahora yo me encargaría de cuidar mis cosas y preguntar hacia donde me tenía que dirigir para llegar a mi destino final. Pero al ver los centros comerciales y otras atracciones, me di un pequeño tiempo para "disfrutar" de aquello que nunca podría haber hecho. Empezando claro, por vestir una capa larga de color blanco y dejando mi pecho libre por dos cosas: una, tenía un ardor insoportable y el aire en el ambiente apaciguaba el calor interno; dos, era un capricho el verse algo "distinto" a los demás. Si eso era un pecado, al menos no era tan grave como los que cometían algunos compañeros y además, tenía un estilo de vida que no guardaba demasiada relación con esas reglas. Las seguía como debía de ser, pero no las adoptaba todo el tiempo.

Me senté en una banca y miré mi alrededor. Tomé mi libreta y estaba escribiendo las primeras ideas que se me venían a la mente, después las retomaría para hacer un poema. De pronto miré la ventana de un coche estacionado y lo único que observé fueron mis ojos color violeta. Agaché la mirada y me dio un poco de pena, seguramente aquí también se burlarían por el color de mis ojos y eso era algo que no podía cambiar. Suspiré y me dediqué a seguir escribiendo. En un rato me encargaría de preguntar dónde estaba situada la Academia de Vera Cruz, aunque ya se veía de lejos, pero era más fácil llegar acompañado que solo.
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Orochi Gaia

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